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Es preciso urgente cortar los excedentes. Nada de adiposidades. Estamos en crisis. Los adjetivos que me perdonen, los sustantivos son más esbeltos. Y la Nueva Era recomienda que seamos selectos.
Hay una pluma de golondrina volando sin rumbo Hay un remolino que la proa nos hunde Hay una ola marejada que no se escurre.
Es preciso poner un borracho en el timón del barco. Que sepa de las mareas por el trago de las estrellas que sepa naufragar alzando un brindis y justo en los destrozos saberse príncipe salvo del rescoldo para el cetro de la palabra: La parole est morte. Vive la parole!
Hay una pasión en cada esquina tuerta Hay un resto de angustia celebrando la muerte Hay un buey en el laberinto buscando la puerta.
Es preciso correr atrás de la utopía que se hizo distante para que ella vuelva habitar los días más comunes, y haga que el sueño se parezca al sueño, incluso bajo el manto pesimista de la niebla, afilando el sable en la piedra que restó de la cascada. ¡Ah, nubes rojas, derramad vuestra lluvia de fuego!
Hay un canto entreverado en la garganta Hay un ahogo que ya no me espanta Hay un espejo que ya no me encanta.
Es preciso huir del tiempo perdido. El que se quedó atrás se encantó con la serpiente, y todos los días buscamos nuevos corredores: senderos renovados para las huellas recientes. Salvemos aquí la pareja de los pies que soportan el yugo en ese itinerario del ahora recogiendo ayeres.
Hay un solitario en la mesa de un bar Hay un suicida en la vorágine del mar Hay un reclamante del verbo amar.
Es preciso, finalmente, apasionarse todos los días. Experimentar el gesto en el cuerpo de la amada imprimir en el tacto el tatuaje sereno para que se fije perenne cuando sea saudade: la vida se amplía en un flash de cosas pequeñitas, y el que subsistir son ecos de melodía transitoria.
Hay un deseo que viene con rumor Hay una pasión salida de su color Hay un amor en contravía del dolor.
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